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Los trastornos del equilibrio se manifiestan por mareo, vértigo y/o
inestabilidad. Suelen presentar una cierta complejidad diagnóstica
que se solventa con una adecuada y detallada valoración de las
características de dichos síntomas así como de las de otros que
pueden aparecer asociados. Por este motivo la historia clínica o
anamnesis es un paso fundamental y muy relevante pues aporta una
idea aproximada del problema que aqueja al paciente. A continuación
se realiza una exploración minuciosa que apoyada en una serie de
pruebas funcionales y/o radiológicas permitirá establecer un
diagnóstico preciso de la enfermedad que sufre.
Las causas más comunes son el vértigo posicional, la enfermedad de
Ménière y la neuritis vestibular. En un 10% o un 15% de los enfermos
no es posible establecer un diagnóstico exacto y se utiliza el
término “vestibulopatía” o “síndrome vestibular periférico” para
reflejar que, aún así, de acuerdo a los datos de la consulta y
exploración, podemos entender y explicar correctamente lo que
ocurre. Es un pequeño “cajón de sastre” que aglutina procesos no del
todo conocidos.
Para poder establecer un tratamiento adecuado que incida en la causa
es necesario llegar a un diagnóstico cierto. Si no, el tratamiento
preventivo o curativo de los síntomas, cuando se manifiesten, es lo
único que se puede hacer. Si la causa de la enfermedad es banal y el
proceso autolimitado el tratamiento de los síntomas puede ser
suficiente. Por el contrario, cuando la causa es seria y
potencialmente peligrosa o se manifiesta repetidamente durante
muchos años, casi siempre sin una periodicidad concreta es
prioritario establecer el diagnóstico exacto. Esto es porque
lógicamente la primera opción de tratamiento será la mejor en este
caso. Ahora bien, si sólo es posible instaurar un tratamiento
sintomático el enfermo debe saber que la recurrencia del vértigo, si
se diese, lejos de ser una complicación, es una manifestación que se
puede tratar adecuadamente y no representa un deterioro importante.
Los métodos de tratamiento, farmacológicos o la realización de
determinadas maniobras de tratamiento fisioterápico, se instauran
rápidamente y aportan una mejoría clínica inmediata.
Para comprender la complejidad que supone encontrar la causa es
obligado entender como funciona el sistema del equilibrio en el ser
humano. Esta es una función bien conocida en la que influyen de
manera primordial tanto la experiencia previa y habilidades del
sujeto como las necesidades de orientación y equilibrio en momentos
determinados. Por ejemplo, para un portero de football cuando está
lanzándose a parar un balón, son menos relevantes las funciones de
equilibrio que las de orientación para así poder llegar al punto
adecuado en donde pare el balón independientemente que pierda el
equilibrio en esa acción. Para mantener un equilibrio correcto el
sujeto tiene tres sistemas fundamentales que continuamente recogen
información del exterior: el visual, el vestibular en el oído
interno, y el propioceptivo o somatosensorial. Cada uno de ellos
envía su información a ciertas áreas del sistema nervioso central
(cerebro, tronco del encéfalo y cerebelo) donde interactúan entre sí
y permiten elaborar respuestas inmediatas y precisas que mantienen
al sujeto estable y orientado. El vértigo, los mareos y la
inestabilidad pueden ocurrir por una falta de congruencia entre las
informaciones que envían cada uno de los sistemas implicados en el
mantenimiento del equilibrio del sujeto (mareo del coche), por que
la información que provee cada uno de ellos es procesada de manera
inadecuada en el cerebro (vértigo central) o, por que uno de ellos,
habitualmente el vestibular, es asiento de un proceso dañino de tipo
inflamatorio, infeccioso, del desarrollo, traumático o, raramente
tumoral.
Son problemas muy frecuentes.
Si se pregunta a un número amplio de personas si ha padecido
vértigo, el 20% de los sujetos entre 18 y 65 años responde
afirmativamente y dice que esto ha ocurrido en algún momento a lo
largo de un período breve de tiempo, no superior al mes previo al
día en que se le hace esta pregunta. Por tanto, el vértigo y el
mareo no sólo son frecuentes sino que además ocurren habitualmente.
De todos estos pacientes sólo un 22% acuden al médico por dicho
motivo: quizás por que es muy intenso, por que crea una gran
preocupación o por que ya se ha repetido en otras ocasiones. El
resto mantienen una actitud de espera y acuden cuando se repite;
también ocurre que suelen encontrar una posible explicación,
habitualmente ajena al sistema del equilibrio (una indigestión, un
resfriado, una subida de tensión, un preocupación) lo cual les
tranquiliza. Pero, lejos de ser una experiencia puntual y aislada,
un 30% de esos pacientes a los que nos hemos referido al principio,
refieren estar peor (en cuestión del equilibrio) pasado un año y
medio. Las cifras antes mencionadas se modifican al estudiar una
población de edad diferente. Así en una población con edad superior
a los 60 años, se recoge que el mareo y vértigo representan la
tercera causa de consulta después de la “fatiga” y el “dolor
torácico”. Estos acuden al médico más frecuentemente para consultar
por este problema pues puede conllevar alguna caída al suelo con
todo el potencial de peligro que esto posee. De particular interés
es que en la población mayor de 75 años el mareo y el vértigo son
las causas más frecuentes para acudir al médico.
Es un problema con una particular tendencia a la cronicidad.
En el 70% de las personas que han padecido un vértigo, pasadas dos
semanas los síntomas persisten. Han podido modificarse, por ejemplo
ya no es tanto vértigo como inestabilidad, han podido empeorar o
incluso hacerse persistentes. Sólo en el 30% podemos decir que hay
una resolución “espontánea” del vértigo; esto además suele ser en
pacientes con vértigo posicional. Cuando se analiza un plazo más
largo de tiempo, por ejemplo de un año, en el 20% ya no hay problema
alguno de estabilidad y el 37% dicen encontrarse mejor, ligeramente
inestable o con episodios de vértigo de menor intensidad y de menor
duración. En el 32% los síntomas son idénticos, sin cambios, igual
de molestos, intensos, y repetitivos. Un 11% dice estar mucho peor,
con episodios cada vez más frecuentes, intensos, molestos y con gran
repercusión en sus actividades cotidianas, tanto laborables como
sociales y familiares.
La causa es muy diversa.
Hay un problema muy difícil de resolver para determinar cuál es la
causa más frecuente de vértigo. Esto es por que depende del entorno
en el que se hace ese estudio ya que no es idéntica la población de
pacientes que acuden al médico de atención primaria o al internista
que el que acude al otorrinolaringólogo o al neurólogo y mucho menos
si alguno de estos está particularmente especializado en este tipo
de enfermedades (oto-neurólogo). De todas maneras alguna luz aportan
las estadísticas. Así pues, podemos decir que en general la causa
del vértigo es una vestibulopatía periférica (cuando el asiento de
la enfermedad es en el oído interno y/o nervio del equilibrio) en el
44% de los pacientes, es central (en pleno sistema nervioso) en el
11%, de causa psiquiátrica en el 16%, multisistémico o
multifactorial en el 26% y de origen desconocido en el 13%. Hay una
serie de causas muy preocupantes para la población que son realmente
infrecuentes: enfermedad cerebrovascular el 6%, arritmia cardíaca el
1.5% y tumor cerebral en menos del 1%.
Combinando estos datos con los expuestos en los dos párrafos
anteriores entendemos la necesidad de que se establezcan áreas
asistenciales en los hospitales para atender a estos enfermos.
Incide mucho en la calidad de vida del paciente.
Aunque podemos decir que tiene una bajísima mortalidad, que las
necesidades de ingreso hospitalario son reducidas y las de tener que
mantener a una persona mayor en una centro de cuidados especiales
escasas, la implicación del vértigo en el declive funcional del
paciente, en su sensación de incapacidad y de mala calidad de vida
es muy alta. Hoy en día los estudios de calidad de vida son
habituales para conocer y medir correctamente la respuesta a
determinados tratamientos instaurados en el paciente con vértigo.
Así utilizando cuestionarios genéricos o específicos sabemos que el
paciente con vértigo considera que su calidad de vida, en diversos
dominios o escalas, es mucho peor que la de una persona de su misma
edad. Por otra parte cuando se tratan y se eliminan las crisis de
vértigo, por ejemplo en la enfermedad de Ménière con gentamicina
intratimpánica o en pacientes con inestabilidad crónica cuando hacen
rehabilitación vestibular, uno de los primeros aspectos que el
paciente reconoce es que ha mejorado mucho su calidad de vida o lo
que él o ella percibe como importante para su vida. A veces ya es
suficiente estar 2-3 meses sin nuevas crisis para encontrar que la
calidad de su vida y relaciones personales, laborales, familiares
y/o sociales, han mejorado muy significativamente.
Se acompaña de cambios en el comportamiento.
Debido a la naturaleza impredecible de las crisis y al miedo a
sufrir una en cualquier momento es frecuente que se produzcan
cambios importantes en el comportamiento del paciente. No hacen
falta muchas crisis ni que sean muy intensas. En cuanto se percibe
que es un problema que se puede manifestar de manera sorprendente y
sin aviso, comienzan los ajustes en la vida del paciente. Debe
cambiar de oficio (si por ejemplo tiene que exponerse a alturas
durante su trabajo), modificar muchos de sus hábitos laborales
(reuniones de trabajo y viajes), restringir la utilización de
vehículos con lo que se hace en cierta manera dependiente de otros,
reducir actividades sociales (puede tener que suspender un acto
social, o una vacaciones, incluso antes de iniciarlas) y en la casa.
Como decíamos antes, en general, no llega a estar ingresado pero
queda confinado en su domicilio, pasa a ser dependiente de segundas
y terceras personas, debe estar localizable por si recurre el
vértigo, no debe exponerse a que le ocurra esa eventualidad en un
lugar o situación peligrosa para él o ella y para los demás, etc.
Con esto su horizonte vital se reduce bastante y lógicamente ocurre
un cambio de comportamiento importante. Este no solo le afecta a él
sino a los demás que le rodean, tanto en su familia como en su
trabajo.
Tiene un fuerte impacto psicológico.
Entre los pacientes con mareo y vértigo es frecuente encontrar
niveles muy altos de ansiedad y depresión, una mayor incidencia de
ataques de pánico y cierta tendencia a la agorafobia. La causa de
esto es múltiple. No cabe la menor duda que puede incidir un cierto
rasgo personal previo a sufrir el vértigo. Pero no nos debe extrañar
cuando analizamos los datos obtenidos en el estudio de la evolución
de la enfermedad de estos pacientes. Encontramos que muy
frecuentemente (70% de los casos analizados en una consulta general)
el único consejo o la única ayuda que reciben los enfermos con mareo
y/o vértigo es puramente sintomático por períodos breves de tiempo
con una explicación mínima que se centra en informarles de la
ausencia de problemas más serios o, se realiza un plan de
seguimiento y observación sin tratamiento eficaz. Considerando que
el 70% de los pacientes que han sufrido un vértigo, pasadas dos
semanas siguen igual, que el 63% de los pacientes con inestabilidad,
pasados tres meses se encuentran igual y, que el 30% de los
pacientes que acuden a las consultas especializadas, han sufrido
vértigo por períodos de tiempo superiores a 5 años, esta actitud
pasiva en el tratamiento resulta ineficaz cuando menos y tiene su
repercusión en la salud del paciente.
Las características generales antes expuestas permiten
entender la amplitud y complejidad del problema. A la gravedad del
síntoma es necesario añadir el impacto en las actividades cotidianas
así como el miedo que supone que se repita y además sin apenas
previo aviso en cualquier circunstancia. Es por esto que todos los
pacientes realizan ajustes y cambios, de mayor o menor entidad, en
su vida y en la de los que les rodean. Por todo ello y, a pesar que
no tenga una repercusión idéntica a otras enfermedades en términos
de hospitalización o necesidades terapéuticas, dada la altísima
incidencia del problema, que el sistema de salud facilite el acceso
de los pacientes a unidades especializadas en el diagnóstico y
tratamiento del vértigo, según criterio del médico de atención
primaria, es un logro que redundará en una mejor atención.
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